Extirpasteis de las aulas las humanidades, el análisis inteligente, la capacidad de leer y de comprender el mundo.
Así de simple y claro resume Pérez-Reverte los logros educativos de los demagogos iletrados, presidentes y ex-presidentes de gobierno, Secretarios generales de partidos nacionales o autonómicos y ministros y ex-ministros. ¿Para todos hay?
Sí, para todos aquellos que han convertido el Sistema Educativo en lo que es hoy. Artículo completo aquí.
Durante este mes de mayo, los centros educativos de Catalunya realizarán las pruebas de Competencias Básicas, tanto de Primaria como de Secundaria.
Estas pruebas son transmitidas por el Departament d’Educació a los centros con el fin de evaluar la adquisición de las competencias básicas a lo largo de Primaria y al final del primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria.
Supuestamente, los resultados son estudiados y analizados para mejorar el currículum y los resultados del aprendizaje en estas etapas. Mejora de la calidad de la enseñanza, dicen.
Yo me dedico hace más de 20 años a la Enseñanza y no sabría deciros muy bien que hemos conseguido gracias al análisis de estas ridículas pruebas. La finalidad es muy envidiable pero su efectividad -permítanme ustedes- más bien dudosa.
Lo que sí he comprobado que el horario lectivo de asignaturas tan importantes como las Lenguas se ha visto reducido por primar otras asignaturas no tan relevantes del currículum y con la entrada de nuevas, como el próximo curso ocurrirá. Y luego resulta que nuestros alumnos siguen escribiendo mal en todos los idiomas, que leen y no saben el qué y que el material editado deja muchísimo que desear.
¿No sería mucho más fácil que los docentes participaran activamente en la mejora de la Educación en vez de limitarse a aplicar los criterios y normas creados por los teóricos políticos, que de hecho no se dedican a la docencia y que van cambiando cada legislatura?
¿Es bueno formar a las nuevas generaciones en este desconcierto sobre su futuro académico? La estabilidad del sistema educativo es fundamental para el futuro de nuestro país. Parece que los políticos no piensan en ello.
Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar
La niñería, incluso la juventud, siempre ha tenido la manía de pedir. Pedir todo, en cualquier momento, a cualquiera, hasta las cosas inalcanzables. Y los padres, como reza el refrán, la virtud de no dar. Sabio entre los sabios el creador de tan noble refrán.
¿Sigue siendo así? Parece que las cosas han cambiado un poco. Al menos la edad de pedir se ha rebajado considerablemente. ¿Será la sociedad de consumo en la que vivimos? ¿Será que malcriamos a nuestros vástagos?

La respuesta no es fácil e indagar en el origen se vuelve, en este caso, un camino restrospectivo en el que la Sociología tiene un papel esencial, ya que estudia las conductas y comportamientos globales ante estímulos externos. Quizás, sí que la sociedad de consumo y el modelo capitalista sean la base de este gran problema. Quizás también malcriamos a nuestros hijos. Pero merece la pena recordar, que incluso cuando intentamos nadar a contracorriente y, finalmente, ésta nos arrastra, las insignificantes y pequeñas brazadas que damos pueden variar nuestro rumbo y acercarnos un poco más a la orilla.
¿Qué significado tiene esto? Simplemente, que no hay que dejarse arrastrar. Nunca hay que rendirse y siempre, aunque luchemos contra un poderoso titán que todo lo puede, hay que presentar resistencia, porque al final, y eso es lo que cuenta, toda la resistencia que hemos ido realizando podría convertirse en una pequeña victoria, que aunque no gane la batalla en todo el territorio -sociedad- sí que lo hará en nuestro propio feudo -familia-.
¿Y luego? Luego toca resistir y resistir. Presentar resistencia, inculcar unos valores en nuestros vástagos acorde a nuestra forma de ver las cosas, enseñarles los peligros del consumismo y también sus ventajas, para que una vez adultos, sean capaces de discernir en la intrincada red que es la vida, cuál será el camino que inculquen ellos a sus descendientes. La vida es así y así es como debemos inculcar los valores morales a nuestros hijos: "una de cal y otra de arena", aunque cada vez más haya más cal que arena.
Es una rueda cuyo giro inexorable nos arrastra a todos. Es el tiempo que siempre corre hacia delante. Es la historia de nuestros antepasados. Es lo que somos o en lo que nos hemos convertido. Es el futuro. Al fin y al cabo, es lo que nos vuelve humanos.
¡Caramba! Los tiempos cambian y servidor al final acabará creyéndose un inadaptado social bicho raro. Quízás la razón sea que crecí en una época en la que la tecnología se iba introduciendo en nuestra sociedad pero no pude disfrutar de ella hasta eso de los 18, con mi primer ZX Spectrum y mis programas en BASIC, todo puro código salido de mi cuadrada cabeza de adolescente tardío. Soñaba con crear programas de todo tipo, para calcular miles de decimales del número pi, el número primo más grande calculado por persona alguna, … En fin, veía al ordenador como una máquina con un potencial limitado únicamente por mi poder creativo.
La generación del chip -los nacidos de hace 15 años para acá- desconocen esa sensación. Ya no se sorprenden por nada, piensan que los ordenadores pueden controlar y hacer cualquier cosa. De hecho, ¿qué otra cosa van a pensar si están hartos de ver películas tipo Enemigo Público?
Y resulta que explicarles todo ese proceso histórico que viví resulta cuando menos pesado, pues piensan: "¿Qué coño rollo me cuenta este tío ahora?".
Al final, ellos son los que se pierden la oportunidad de ser un poco menos ignorantes. En esta época, la ignorancia es el enemigo a batir. Camina entre nosotros, está a nuestro lado. Puede incluso ser el mejor compañero de nuestros hijos, es tarea nuestra velar porque no se instale en nuestro domicilio de forma permanente.
Mismamente, el otro día dando clase de Informática a los chavales de 5º de Primaria, observé como alguno buscaba en el Google Earth el edificio de su vivienda familiar en las fotos satélite que nos ofrece este maravilloso y genial software. No se inmutaba, no se preguntaba qué tecnología le permitía ver cualquier parte de su ciudad a vista de pájaro.
No existe ya la sorpresa tecnológica. Todo funciona bien y no merece la pena preguntarse el porqué. ¡QUE TRISTE! … y cuan oscura les resultará a las generaciones posteriores, la revolución que nos tocó vivir a algunos.





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