Recuerdo que en mi niñez, el profesor (Claudio Torrent) nos hacía aprender a toda la clase, las poesías y fábulas que tenían en un librillo de color verde -es lo único que recuerdo de aquel libro que me gustaría mucho tener-. Debía ser una buena selección, pues ahora, desde la edad adulta reconozco la importancia en el ámbito literario de aquellas lecturas: Samaniego, Iriarte, Bécquer, Darío, Calderón, …
Entre todas había un par que eran mis preferidas. Ahí van.
El sabio Sisebuto
Con esta ametralladora,
dice el sabio Sisebuto,
mil disparos al minuto
y sesenta mil por hora.
¡Qué gloria será la mía,
si esta maquina potente
llega a matar buenamente
un millón de hombres al día!
Proclamarán su bondad
en las más remotas tierras,
y así acabarán las guerras.
Y también la humanidad"

Los dos conejos
Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego…;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
Este es mi humilde tributo al recuerdo nostálgico de aquella niñez vivida.








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